Cualquier puerta puede ser abierta
partiendo de la actitud con la que se perciba ésta posibilidad, ya que no
siempre es garantía que una puerta cerrada tenga los seguros, cerrojos o pasadores
puestos.
Ante ésta posibilidad de creer que la
puerta pueda abrirse, está precedida por una actitud optimista, pero también se
puede dar por sentado la otra posibilidad de que la puerta tiene el seguro
puesto sin necesidad de constatar la anterior posibilidad, en este caso,
precede una actitud pesimista.
La actitud con la que se asuma
cualquier situación, estará enmarcada dentro de éstas dos posturas que
terminarán influyendo en la toma de decisiones. Una actitud pesimista de
percibir la vida, reduce considerablemente nuestra creencia de poder hacer
posible lo imposible, en cambio, una actitud perceptiva que se da desde el
optimismo, nos refuerza la convicción de creer que todo puede ser posible. De esta
manera, una nos reduce e inmoviliza en un realismo trágico de ver las imposibilidades
de la vida, la otra nos impulsa y nos mueve a vivirla viendo el lado bueno de
sus posibilidades.
En este sentido, nuestra actitud es la
que va hacer la diferencia entre creer en una posibilidad posible o no, que a
su vez, va definir si aprovechamos o no la oportunidad que se coloca frente a
nosotros mediante dicha posibilidad, ya que una posibilidad posible, no es más
que una oportunidad, y una oportunidad crea nuevas posibilidades.
Percibir el mundo desde una actitud optimista, significa apreciar la infinitud de sus posibilidades que se expresan en oportunidades, por lo tanto, no es la falta de oportunidades lo que no me permite avanzar, sino mi falta de optimismo que me impide creer e intentar hacer posible las oportunidades, sucumbiendo en la imposibilidad de mis propias capacidades, negándome el hecho de comprobar en la práctica la posibilidad posible de dichas oportunidades.
En este caso, a diario estamos frente
a cientos de puertas que representan cientos de oportunidades, pero frente a
las mismas, algunos deciden cohibirse de intentar abrirlas porque dan por
sentado que tienen los seguros puestos por lo que no podrán abrirlas, negándose
así la posibilidad de que podrían estar abiertas, y sobre todo la posibilidad
de descubrir que en ellos están las llaves que abren esas puertas.
Pero también estamos los otros,
quienes asumimos una actitud optimista, por lo que nos paramos frente a
cualquier puerta sin negar las posibilidades posibles que nos favorezcan,
porque aunque la puerta llegará de verdad estar cerrada y no tengamos la llave
para poder abrirla, no perdemos la esperanza que con tocar varias veces de
manera firme la puerta, pueda estar alguien del otro lado que podría escucharnos
y abrirnos.
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